La economía del fuego: El verdadero costo de una fiesta patronal

Vas a la fiesta del pueblo, te comés un buen plato de pepián, te tomás tus tragos, ves quemar el castillo, bailás y te regresás a tu casa feliz. Todo parece magia pura, devoción y celebración. Pero en la 91.3 sabemos que la pólvora no cae del cielo. Detrás de cada fiesta patronal y cada celebración de cofradía hay una maquinaria financiera brutal que la clase trabajadora sostiene a puro sudor. Hoy vamos a hablar de billete, porque la tradición cuesta cara.

El largo camino hacia la fiesta

Las fiestas patronales no se arman de la noche a la mañana. Desde muchas semanas antes de la fecha principal, los cofrades y texeles, quienes son los guardianes absolutos de estas tradiciones, inician los pesados preparativos. No es solo organizar a la gente; es ensayar bailes rituales y esquemas de teatro que a menudo se desarrollan durante varios días.

Es una mezcla intensa donde los cultos tutelares a los dioses del maíz, las lluvias y las cosechas se entrelazan con el santoral católico para pedir que la tierra sea propicia. Y para que los dioses y los santos escuchen, hay que hacer ruido y ofrecer lo mejor.

El menú del sacrificio

Si hay algo que define a nuestras fiestas es la abundancia, una que muchas veces las familias no pueden permitirse el resto del año. Los pueblos participan con un entusiasmo desbordante, dispuestos a vivir las celebraciones como actores y espectadores, e incluso estrenando ropas para la ocasión.

Pero el golpe más fuerte al bolsillo está en la cocina. Durante estos días se realizan comilonas masivas e interminables. Hablamos de carnes de cerdo, venado, gallina y chompipe preparadas en pulique, recados de tomate, y salsas de chile sazonadas con pepita de ayote, azúcar y anís. A esto sumale el río de chicha y aguardiente que abunda para mantener el espíritu encendido, junto con el infaltable tabaco. Alimentar a todo un pueblo que llega a tu patio no es un gasto menor; muchas familias se endeudan durante meses o ahorran todo el año para cumplir con este honor.

El fogón de la resistencia. Alimentar a una multitud entera durante días es un acto de generosidad que desafía cualquier lógica económica.

Quemar el dinero en el cielo

Y luego viene el clímax visual: el fuego. La cofradía debe comprar obligatoriamente toda clase de cohetes, cámaras, toritos y otros juegos de pólvora. Cada estallido que hace vibrar las ventanas del pueblo representa cientos y miles de quetzales que se queman literalmente en cuestión de minutos.

Desde una perspectiva puramente económica, es una locura. Pero la tradición popular no obedece a las reglas del capitalismo. El hecho folklórico cumple una función profunda en la sociedad y es una manifestación tradicional que los grupos populares defienden y conservan como su patrimonio. Ese enorme gasto de pólvora, comida y bebida no es un desperdicio; es la forma en que la comunidad se reafirma, demuestra su fuerza, agradece la vida y se asegura de que su identidad sobreviva un año más.

La próxima vez que esquivés los cachos de un torito o te sirvan un plato humeante de pulique en una cofradía, recordá que no es «gratis». Estás probando el sacrificio económico de un pueblo que prefiere quemar sus ahorros en el cielo antes que dejar morir su historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *