El mercado negro del amor colonial: Amarres, cuernos y la Inquisición
Si uno lee los libros de texto de primaria o escucha a los guías turísticos en el Parque Central de Antigua, se imagina que la capital del Reino de Guatemala era una sucursal del cielo. Nos venden la estampa de una ciudad de calles empedradas donde solo se escuchaban campanas, monjas rezando el rosario a las cinco de la mañana y capitanes generales con armadura dictando leyes. Una sociedad intachable, pura y aburridísima.
Pero, ¿por qué no desempolvamos los expedientes?
Si te metés al Archivo General de Centro América y revisás las actas de los juzgados y de la Santa Inquisición, la historia cambia por completo. Resulta que nuestros tatarabuelos coloniales eran un mar de neurosis, pasiones reprimidas y doble moral. Detrás de las gruesas paredes de adobe, Santiago de Guatemala era una verdadera telenovela llena de infidelidades, brujería de alcoba y un mercado negro del amor que serían un buffet para cualquier psiquiatra moderno.
El «Tinder» del siglo XVIII: Pócimas y tierra de panteón
En una sociedad donde el divorcio no existía y los matrimonios se arreglaban por puro interés económico, ¿qué hacía la mara cuando el marido te salía infiel o cuando querían conquistar a alguien que no les hacía caso? Acudían a la verdadera autoridad de la ciudad: las curanderas y hechiceras de los barrios populares.
Los archivos de la Inquisición están repletos de juicios por «hechicería amorosa». Este era el equivalente colonial al famoso «agua de calzón». Mujeres de todas las clases sociales —sí, incluso las esposas de los criollos adinerados— bajaban a escondidas a los barrios de indios y castas para comprar remedios que solucionaran sus tragedias sentimentales. Las recetas documentadas por los inquisidores son una joya de la desesperación humana: cabellos amarrados con hilos de colores, tierra de cementerio escondida en el colchón del marido infiel para «enfriar» sus ganas de andar en la calle, y brebajes mezclados en el chocolate de la tarde para garantizar la obediencia del cónyuge.
La Inquisición perseguía estas prácticas no solo por considerarlas demoníacas, sino porque representaban una amenaza al sistema. El hecho de que una mujer de alcurnia le estuviera pagando a una curandera indígena para controlar a su marido español era una ruptura brutal de la jerarquía colonial. El amor (o la desesperación) igualaba a todos en la clandestinidad.
Amancebamiento: El club de los cuernos
Si pensabas que los escándalos de la farándula actual son fuertes, no has leído sobre el «amancebamiento» colonial. Este era el delito de vivir en pareja sin estar casados por la Iglesia, o peor aún, tener una «sucursal» (un amante) a la vista de todos.
La élite colonial era campeona en exigir pureza para los de abajo mientras ellos hacían desastres. Los juzgados estaban atascados de demandas por promesas de matrimonio rotas, raptos de doncellas que terminaban en embarazos escondidos en conventos, y pleitos de cantina por celos que terminaban a cuchillazos. La Inquisición y los tribunales civiles funcionaban como el departamento de recursos humanos de una empresa tóxica: trataban de tapar los escándalos rápidos de los ricos, exiliando a las amantes a otros pueblos o metiéndolas en conventos de reclusión temporal, para que la reputación de las familias nobles no se manchara.
Pero el pueblo llano no se quedaba atrás. Las actas revelan que las chicherías (las cantinas de la época) eran el verdadero centro de operaciones románticas, donde se cerraban tratos, se planeaban fugas y se intercambiaban polvos mágicos para el desamor.
La próxima vez que caminés por las ruinas de Antigua y te maravillés con la arquitectura religiosa, recordá que en esos mismos callejones, hace trescientos años, alguien estaba comprando un amarre para que no lo dejaran, o saltando una tapia a medianoche para ver a su amante antes de que pasara la ronda. Nos cambiaron la ropa y ahora tenemos celulares, pero en el fondo, la neurosis chapina por el amor y el qué dirán sigue exactamente igual.
Aquí te dejamos un pequeño «registro de escándalos» que sacudieron a Santiago de Guatemala:
- 1730 – María Magdalena Tatuan (¿La Tatuana original?): Lejos de la leyenda de la bruja que escapó en un barco dibujado con carbón, el expediente real del AGCA del año 1730 (y procesos en 1741) la registra como una mujer casada, procesada por «hechicería» tras ser descubierta usando polvos, pócimas de hierbas y remedios supersticiosos comunes de la época. Fue sentenciada a reclusión en el hospital de San Juan de Dios y al destierro.
- 1730 – María Manuela «La Cecinera»: Esta mujer viuda, clasificada como mulata, fue denunciada ante las autoridades por hechicería. ¿Su delito? Manipular y camuflar ingredientes y polvos sospechosos dentro de comidas y bebidas para «atraer» o amansar el temperamento de los hombres con los que tenía relaciones inestables.
- 1735 – María de Nieves Montiel: Mulata y soltera, fue el blanco de un tenso juicio por «hechicería y superstición». Se le acusó de alterar la voluntad de los hombres mediante remedios populares, infusiones de hierbas y rezos distorsionados, una práctica de «curanderismo amoroso» sumamente temida por las autoridades.
- 1737 – María Francisca Garibaldo: Mulata y viuda originaria de Panamá, pero radicada en la ciudad. Fue procesada por el uso de «prácticas mágicas sincréticas» (mezcla de fe católica, creencias europeas y medicina natural local) para resolver problemas sentimentales y de salud. El proceso fue tan caótico que, alegando «presunta locura», los inquisidores terminaron amonestándola y ordenando su reclusión a perpetuidad en una casa de recogimiento.
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:
- Investigación Base:
- Rodríguez Delgado, Adriana. (2023). «Transgresiones femeninas del orden inquisitorial en el reino de Guatemala». Publicado en Pasado Abierto, Nº 17. (Análisis de los casos de María de Nieves Montiel, María Magdalena Tatuan, entre otras mujeres procesadas en Santiago de Guatemala).
- Fuentes Primarias (Archivos Históricos):
- Archivo General de Centro América (AGCA), Guatemala. Sección: Inquisición. (Donde se encuentran resguardados físicamente y microfilados los procesos judiciales originales del Reino de Guatemala).
- Archivo General de la Nación (AGN), México. Fondo: Inquisición. (Debido a que el comisariato de Guatemala dependía del Tribunal del Santo Oficio en México, muchos de los procesos de Santiago de Guatemala fueron enviados y conservados en este archivo).
- Consulta y Acervo:
- Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica (CIRMA), Antigua Guatemala. Biblioteca y colecciones históricas.