Vas al mercado de artesanías, comprás un recuerdito tejido o tallado a mano y te vas a tu casa pensando que estás apoyando la «cultura». A lo largo de los años nos han empaquetado y vendido la idea de que el folklore es un adorno turístico, una postal inofensiva o un baile bonito. Pero si rascás un poco la superficie, la realidad es mucho más áspera. El folklore no nace en los salones de la élite; es el refugio, la voz y el patrimonio exclusivo de las clases populares y explotadas. Es la cultura de los desposeídos, la cual se contrapone directamente a las concepciones «oficiales» del mundo impuestas por las clases dominantes.

El espejismo de la madera: El cofre de Nahualá
Para entender cómo una misma pieza esconde dos realidades brutales, hablemos de un simple cofre de madera labrada originario de Nahualá, en el departamento de Sololá.
Imaginate este cofre situado en una de las casas de los barrios burgueses de la ciudad de Guatemala. En ese entorno de riqueza, la pieza es despojada de su esencia: funciona como un simple mueble más, un objeto decorativo inútil que sirve para presumir cierto «gusto» autóctono ante las visitas.
Ahora, viajá mentalmente a los pueblos del altiplano de Sololá. Para el campesino indígena que lo fabricó y lo utiliza, ese mismo cofre está lejos de ser un adorno estético; le es vital y útil para guardar y proteger sus escasas pertenencias y objetos de valor. Es exactamente el mismo fenómeno físico cruzando la barrera social, pero cumpliendo funciones diametralmente opuestas. En la capital es pura vanidad; en la montaña, es pura supervivencia.
El símbolo nacional que llegó en cadenas
Pero el golpe definitivo a nuestro orgullo oficialista nos lo da el símbolo patrio por excelencia. En Guatemala, la marimba es considerada como uno de los más genuinos y supremos instrumentos folklóricos. La idolatramos y la vestimos de patriotismo. Sin embargo, la verdad histórica desarma cualquier nacionalismo ciego: su origen es africano.
El instrumento fue traído a estas tierras, casi con total seguridad, por los esclavos negros durante la sangrienta época de la colonización española.
La alianza de los castigados
¿Cómo es que un instrumento africano tocando melodías de corte occidental se volvió el alma de Guatemala? Aquí es donde ocurre la magia de la resistencia cultural. Este instrumento, perteneciente a una de las clases populares más castigadas y esclavizadas por los conquistadores, fue adquirido, reinterpretado y reelaborado por otra clase popular igualmente explotada: los indígenas de Guatemala.
Fue tan profundamente incorporado y moldeado por el patrimonio indígena, que hoy en día difícilmente puede separarse de él, al punto de que la memoria colectiva ya casi no recuerda su origen negroide original.
Pensalo un segundo: dos de las clases sociales más oprimidas y masacradas del continente se unieron, a través del dolor, el sudor y el arte, para crear el símbolo supremo de identidad nacional de un país que, irónicamente, a menudo las ignora y margina. El folklore es del pueblo y para el pueblo. La próxima vez que escuchés las teclas de hormigo o toqués un mueble tallado a mano, no veas un «souvenir». Estás viendo las cicatrices y la resistencia de quienes construyeron la identidad de este país desde abajo.
Bibliografía y Fuentes Históricas
Para la fundamentación teórica de este artículo y la comprensión del folklore como herramienta de las clases populares, se consultó el siguiente documento:
- Lara Figueroa, Celso A. La tradición popular: Una definición teórica metodológica contemporánea. Centro de Estudios Folklóricos (CEFOL), Universidad de San Carlos de Guatemala. De este ensayo se extrajo el marco teórico que define al folklore no como un adorno de todas las clases sociales, sino como el patrimonio exclusivo y la concepción del mundo de las clases explotadas. Asimismo, proporcionó los casos de estudio específicos sobre el contraste de uso del cofre de Nahualá entre la burguesía y el campesinado, y la transferencia histórica de la marimba desde los esclavos africanos hacia las comunidades indígenas guatemaltecas.





